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Loja Histórica


La Cueva de la Raja

Alfonso Gámiz Sandoval (de la Revista de Feria de 1960)


La Prehistoria en Loja


 

La ciudad de Loja que desde tiempos bien remotos, y particularmente durante la dominación musulmana, ocupó un lugar señero en la región granadina; que fue celebrada por los viajeros románticos como Washington Irving , David Inglis, Richard Ford y el Barón de Davillier – por no mencionar más que algunos insignes -, encierra en sus contornos, secretos y atractivos para una Ciencia, que por curiosa antinomia, trata de los tiempos más antiguos, pero no ha sido consagrada hasta hace poco más de un siglo.

         La feliz coincidencia de que don Fernando Derqui del Rosal – hoy Delegado local de Excavaciones -  que se interesa por estos raros saberes, diese la voz de alarma y advirtiese, con oportunidad a la Delegación de Zona de Excavaciones Arqueológicas del Distrito Universitario de Granada, nos permitió volver sobre una pista que, hace más de cuarenta años, habían recorrido maestros tan preclaros, como el Abate Breuil.

          En carta como la de 9 de marzo de 1957 – que no podemos resistir a la tentación de copiar – decía el anciano sacerdote a la ilustre Directora del Museo Arqueológico de Granada, Dª Joaquina Eguaras, lo siguiente:

          “En 1917, yo procuré visitar cerca de Loja en lo alto de la montaña vecina, una cueva a la cual llegué con caballería y arriero, y que dicen muy honda. En el vestíbulo, bastante ancho, había mucha cerámica, que me pareció neolítica o del Bronce, y las paredes tenían señales de trazos negros (probablemente de avivar la luz de haces?); al fin del vestíbulo (galería ancha y fácil) había una entrada estrecha con una bajada vertical de unos 4 ó 5 metros. Yo tenía una pequeña cuerda, y yo quise bajar, pero mi arriero no quiso bajar por no quedar a oscuras, pues yo no tenía ni una lámpara y a mi gran contrariedad, yo tuve que renunciar a más exploración. Quizá si eso sigue mucho, se encontrara aquí algo como la Pileta. Yo lo dije a mucha gente, dentro los años pasados, pero nadie ha vuelto, que yo sepa, a visitar esta cueva, con los medios necesarios. Se la indico a usted para sus exploradores granadinos (Manuel García y Manuel Pellicer). Yo le ruego creerme, su muy respetuoso y agradecido servidor. Firmado: l’Abbé H. Breuil, de l’Institut de France.”

          En el mismo sentido y con fecha de finales del año 1958, el mismo Abate escribió a Don Manuel García Sánchez.

          A la vista de estos antecedentes y de las informaciones del señor Derqui del Rosal, se realizaron en el año pasado de 1959, unas prospecciones en la zona de Loja, por la Srta. Ángela Mendoza, encargada, en esa fecha, de las enseñanzas de Prehistoria en la Facultad de Letras de la Universidad de Granada y el antropólogo don Manuel García Sánchez, cuyo resultado publicará el “Noticiario” de la Junta Consultiva de Excavaciones Arqueológicas, resumiendo los trabajos realizados en las distintas zonas, desde la creación de dicha Junta, con las siguientes palabras:

          “Se partió del “Cortijo de Alcaudique”, subiendo por las laderas orientales de la Sierra de Loja hasta “La Raja”, lugar que coincide con la “Cueva de las Maravillas” según la descripción de H. Breuil en sus cartas de 9-III-1957 y de 11-XI-1958, que conservamos. Este investigador no pudo explorarla totalmente en 1918, pero ha insistido repetidas veces a diversos investigadores (Sres. Pericot, Giménez Reyna, Spahni, etc.) que podría encontrarse allí algo como la “Cueva de la Pileta” en Benaoján (Málaga). En 1957 fue visitada esta cueva por los Sres. Pellicer y García Sánchez, pero sólo llegaron al punto D del plano – pasaje muy angosto, de unos 35 cms de anchura – y no sospecharon que pudiera tratarse de la misma indicada por Breuil, ya que entonces se poseían muy pocos datos. A juzgar por la descripción, en este punto se detuvo también Breuil en 1918. Ahora, después de quitar varias piedras que obstruían este paso, se ha conseguido penetrar hasta el punto E del plano, pero ha sido imposible pasar de ahí, porque la Guardia Civil taponó el pozo siguiente en este lugar, para evitar que sirviera de refugio a los bandoleros. En el punto B se hizo una pequeña cata, sin resultado positivo, hasta 0’50 metros de profundidad. En la pared se advirtieron, a este nivel, los trazos negros del humo de fogatas descritos por Breuil”.

          El aparente fracaso de esta exploración no debe en ningún momento desanimarnos. La investigación, en todos sus campos, es tarea de penosa constancia, que requiere tiempo y dinero, a más de competencia. No caigamos en la inocente anécdota del “huevo de Colón”. Por lo pronto, debemos proseguir la exploración de unas posibles pinturas rupestres en las inmediaciones del Cortijo de Panes; la búsqueda de probables edificaciones antiquísimas y cuevas, en Gibalto donde podríanse encontrar utensilios y armas de piedra y bronce y tal vez algo de cerámica; en las cuevas de la falda del Hacho y con casi certeza en las necrópolis de la Ermita de la Esperanza, de cuyas sepulturas damos también una fotografía. En las proximidades de Loja existen zonas de gran riqueza arqueológica , que el día de mañana y con la colaboración de todos aquellos que sientan el deber patriótico de contribuir a la investigación histórica, podremos ir explorando. 

         Estas palabras son, principalmente, para agradecer la colaboración de los profesores universitarios y de los eruditos nacionales y locales que han contribuido a proporcionar ya, hallazgos valiosos, y a dirigir un llamamiento a cuantos encuentren y posean objetos de posible interés arqueológico, que puedan contribuir a engrandecer y ampliar el tesoro artístico nacional, perteneciente, en última instancia, al acerbo común de todos los españoles.

Alfonso Gámiz Sandoval

Delegado de Zona de Excavaciones Arqueológicas del Distrito Universitario de Granada

Agosto de 1960

 



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